Lo más duro de seguir adelante pase lo que pase, son los gilipollas (y perdón por la expresión) que uno se va encontrando en su camino. Los hay de todas clases: guapos, tontos, enanos, gigantes, obesos y flacos; engreídos, chulescos, inseguros y drogadictos, pero los peores de todos son los manipuladores, aquellos que mienten y traicionan con tal de salirse con la suya. Me vienen a la cabeza tantos y tantos rostros que hasta me duele. Hace un año pensé que había encontrado un camino y era un precipicio hacia la nada. Resurgí y menos mal, porque ahora a mi lado tengo a alguien que, de gilipollas y egoista, más bien poco... Ale. Y a fregar.
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